Una conjunción de pasado y presente se encuentra en Europa Colonial, en un desfile permanente de arte, arquitectura, paisajes, tradiciones, hábitos. Munich, ciudad rica en monumentos del barroco alemán, es el digno punto de partida de un itinerario que puede continuar con la visita a un castillo único, Herrenchiemsee, donde el excéntrico rey Ludwig de Baviera quiso lograr una réplica de Versalles, la residencia de Luis XIV, uno de sus personajes admirados; el otro fue Wagner. Salzburgo, construida entre dos montes, nos muestra su perfil urbano con cúpulas y torres de iglesias, magníficos palacios, plazas y jardines, por donde debemos imaginar el permanente sonido de la música de Mozart.
La espléndida abadía de Melk, una de las cumbres de la arquitectura religiosa barroca, con escenográfico emplazamiento, es una parada obligada antes de llegar a Viena. Ya en esta ciudad apreciamos la permanencia del espíritu del poderoso imperio austriaco, presente en los palacios de Hofburg o Schonbrunn. Un imperio que en su brillante ocaso dotó a la ciudad con la Ringstrasse, considerada por muchos la más bella calle del mundo, permitió el lujo decorativo del estilo Sezession y vio transformar a Viena en el centro de la vida musical europea.
Río Danubio en Viena y también en Budapest, donde es el real protagonista geográfico. Varios puentes de notable diseño vinculan a Buda, con sus colinas, su Palacio Real y sus iglesias, con la llana Pest, con magníficos bulevares y suntuosos edificios decimonónicos.
Luego de un inolvidable paseo nocturno por el Danubio contemplando a Budapest iluminada, nos dirigiremos a Praga, la ciudad que reconoce en su parte histórica a cinco "ciudades", cada una con sus características propias. La Ciudad Vieja (Stare Mesto) tiene a la Plaza con el reloj astronómico. El Barrio Judío (Josefov) sólo conserva un importante conjunto de sinagogas y el antiguo cementerio, ya que las viejas construcciones del ghetto fueron reemplazadas por edificios elegantes como los que se ven en la calle París. La Ciudad Nueva (Nove Mesto), nueva pero fundada en el siglo XIV, es el área comercial y posee un interesante grupo de edificios Art Nouveau.
Tras cruzar por el Puente de Carlos el río Moldava, evocado por el compositor Smetana en una composición inmortal, se llega a la Ciudad Pequeña (Mala Strana), con calles empinadas, iglesias barrocas, palacios y rincones para hacer las delicias de un fotógrafo. Finalmente, en lo alto, la quinta "ciudad", el Castillo, donde se encuentra el Palacio Real, la Catedral de San Vito, palacios de la nobleza bohemia, museos y jardines y terrazas con espectaculares vistas hacia la otra orilla. Si bien desde la Ciudad Vieja, y antes o mientras cruzamos el Puente de Carlos, ya habremos registrado la imagen más famosa de Praga: la visión diurna, o nocturna, del Castillo con las agujas góticas de la Catedral en su centro.
Viajar es conocer, aprender, informarse y también hacer deleitar a los sentidos, despertar la imaginación y la reflexión y, sobre todo, mantener viva la posibilidad de maravillamos. Todo esto se logra con un viaje por Europa Colonial.